Willy Hoffmeister
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Hace casi cuarenta años, los costarricenses experimentamos una histórica revolución musical. Fue un movimiento que tuvo como origen una decisión política de gran magnitud, y que don Pepe Figueres resumió magistralmente en la famosa frase: Para qué tractores sin violines
Tuvo un costo económico muy importante y absolutamente necesario. Se contrataron docenas de músicos extranjeros y se organizó una nueva Orquesta Sinfónica Nacional. Y bajo la luz de dichos músicos traídos de afuera, se inició el Programa Juvenil. Nada fue igual desde ese momento.
Recuerdo el primer concierto. Por primera vez escuchábamos un conjunto orquestal armonioso, casi perfecto.
Creo que en sus filas se escuchaban, además de música, diferentes idiomas y acentos de aquellos magníficos integrantes, dirigidos por el queridísimo amigo Gerald Brown; el Macho Brown, como le llamaba don Pepe.
El programa se consolidó, así como la Orquesta que ha continuado con sus naturales altibajos, crisis económicas y renacimiento. Nada nuevo ha ocurrido en estos casi cuarenta años en el campo sinfónico de primer nivel.
Hasta este venturoso año 2009, en una forma un tanto inesperada, aparece en el panorama musical costarricense, la Orquesta Sinfónica Municipal de Heredia.

Su primer concierto en el Teatro Nacional, en el mes de marzo del presente año, sorprendió por su excelente calidad. Fue particularmente impresionante la ejecución de la Sinfonía N.° 40 de W. A. Mozart, una de la obras cumbres del repertorio clásico.
A esto sigue, la segunda presentación, en el cierre del XIX Festival de Música Credomatic 2009, el 15 de agosto en el Teatro Nacional.
Experimentamos una sensación, casi idéntica, a la que tuvimos hace aproximadamente cuarenta años, cuando Gerald Brown dirigió su primer concierto.
El sol volvía a salir en el panorama sonoro orquestal costarricense. Esta renovada orquesta herediana abordó un repertorio con especiales demandas: una obra nueva moderna, La Ascensión de Remedios , de Eddie Mora; la Sinfonía Fúnebre , de F. J. Haydn, en su estreno nacional; una obra de W. A. Mozart, Exaltate Jubilate , para soprano; y un estreno mundial, la Sinfonía N.° 2 del compositor español Pedro Vilarroig.
La orquesta hizo un despliegue técnico en cuatro áreas diferentes. La obra de Mora sorprendió por su inventiva y dificultad; empero, donde la maestría de esta orquesta se puso de manifiesto en forma más dramática, fue en la extraordinaria versión de la obra de Haydn, compositor de primer orden, cuyo catálogo es muy poco conocido e interpretado en nuestro país.
La exactitud rítmica, la sonoridad de las cuerdas, con una transparencia prácticamente nueva, nos condujeron hacia la brillante conclusión del cuarto movimiento.
El acompañamiento a la cantante estadounidenses Nell Snaida, intérprete de primer orden, fue sencillamente perfecto e impresionó tanto al público, como a la solista, quien posiblemente no esperaba tal competencia artística de una orquesta desconocida para ella. La sincronía del solista con la orquesta en una obra como la de Mozart es uno de los desafíos más difíciles y empinados que pueden enfrentar un director y una orquesta. Y la de Heredia lo hizo a la perfección.
Esta sorprendente orquesta está formada por jóvenes artistas. Muchos son estudiantes avanzados de las diversas instituciones musicales del país. Esta vez, la sorpresa tuvo un costo económico mínimo, ya que se fundó sobre la base de todo un progreso nacional existente en el campo de la educación musical, y que por fortuna encontró a un director de la competencia del maestro Mora.
La visión de la Junta Directiva debe destacarse al mantener una organización simple, sin burocracias y con una efectividad impresionante. Gran visión del Ministerio de Cultura en apoyar este movimiento orquestal.