Yesos en Bellas Artes

Colección de yesos de la Escuela Nacional de Bellas Artes
Hacia una historia de las artes costarricenses
Decanato de Bellas Artes

Laura Raabe Cercone
Investigadora

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A finales del siglo XIX, el Estado costarricense llevó a cabo una serie de reformas de carácter progresista, que tuvieron como objetivo la promoción de la instrucción pública y la cultura, todo ello orientado hacia una democratización de la educación. Las políticas asumidas por el Estado son, en muchos casos, la manifestación de los esfuerzos por lograr que el país alcanzara los estándares de una nación moderna, asimismo, se insertaban dentro del proyecto liberal encaminado a la construcción del estado nacional. Como parte de este proceso, en 1897 se creó, durante la administración de Rafael Iglesias, la Escuela Nacional de Bellas Artes, por medio del Decreto Nº 6 del 12 de marzo de ese año. La creación de esta institución es significativa, teniendo en cuenta que durante este período se fundan una serie de instituciones de carácter nacional, como el Teatro (1897), el Museo (1887) y el Archivo (1881). Además, se erigen dos monumentos que inciden en el imaginario costarricense, en tanto participan de la conformación de un discurso nacionalista: el Monumento a Juan Santamaría (1891) y el Monumento Nacional (1895). Contemporáneamente a la creación de la Escuela Nacional de Bellas Artes en Costa Rica, se fundaron academias de bellas artes a lo largo de América Latina. Este fenómeno tuvo lugar después de la independencia, como parte del proceso de construcción de los estados nacionales. Constituye una contribución al desarrollo de una base institucional que buscaba dar cuerpo al Estado, la cual estuvo fuertemente marcada por la difusión de una ideología del progreso y la democratización de la educación.

La Academia de Bellas Artes, como una de las instituciones más importantes del sistema de Bellas Artes moderno, fue difundida desde Europa al nuevo mundo, principalmente después de la independencia (aunque la primera academia fundada en América, la Academia de San Carlos de México fue creada en 1781, por iniciativa de los virreyes). Las academias americanas emularon las directrices formales de sus pares europeas; de hecho la mayoría de los artistas contratados para la dirección de las academias en América Latina eran europeos. Es el caso de la Escuela de Bellas Artes de Costa Rica, para cuya dirección y fundación fue contratado el pintor español Tomás Povedano de Arcos (Lucena, Córdoba 1857- San José, Costa Rica 1943), quien, como experiencia previa ya había fundado la Academia de Bellas Artes de Cuenta, Ecuador, en 1891. A raíz de la fundación de la Escuela Nacional de Bellas Artes, se adquirió un conjunto de esculturas, realizadas a través de vaciado en yeso, así como una serie de dibujos impresos por medios litográficos. Inicialmente, la colección de yesos se encontraba integrada por unas 352 copias, de diversos tamaños y motivos. El conjunto de esculturas incluye detalles arquitectónicos, relieves, esculturas de bulto redondo, bustos, figuras completas y detalles anatómicos. Por su parte, las láminas de dibujos incluían bosquejos de pinturas famosas del Renacimiento, así como dibujos que tenían como referente esculturas de la antigüedad, paisajes, detalles anatómicos, animales, etc.

Posiblemente, haya sido don Tomás Povedano, quien como director de la escuela, haya requerido su compra. Los yesos, así como los dibujos, fueron adquiridos con fines didácticos, dado que la Escuela Nacional de Bellas Artes adoptó como método de enseñanza el sistema francés conocido como Mèthode Julien, el cual se basaba en la copia directa de reproducciones de obras paradigmáticas del arte Occidental, especialmente de la Antigüedad Clásica para el aprendizaje del dibujo. Según el sistema utilizado en la Escuela, la enseñanza del dibujo se basaba en un método progresivo. Se iniciaba con detalles como ojos, narices, orejas y bocas. Cuando el dibujo de los detalles era dominado, el alumno debía copiar los cartones de la figura completa. Ese procedimiento se aplicaba a las diferentes secciones del cuerpo, hasta obtener el dominio completo del objeto. Se cursaban dos años ejecutando estos ejercicios basados en las láminas de dibujo; el siguiente año conducía a la copia directa de los yesos para el estudio de la luz y de la sombra. (Ulloa Barrenechea, Ricardo (1973): Enrique Echandi)

Las copias en yeso de la Escuela Nacional de Bellas Artes fueron compradas al Taller de Vaciados de la Reunión de Museos de Francia (Musees Nationaux Moulage), como lo demuestra la presencia de una pequeña placa en varias de las piezas de la colección con la inscripción: Musees Nationaux Moulage. Esta entidad fue creada en 1895 y tenía bajo su cargo el taller de vaciados, encargado de la reproducción de la rica colección escultórica del Museo del Louvre. El precedente de dicho taller lo constituía el taller de vaciados del Museo del Louvre. La presencia de los yesos en Costa Rica, o en casi cualquier país latinoamericano, forma parte de la historia de la divulgación del arte, cuya vertiginosa carrera experimentó un enorme impulso a partir de la Revolución Francesa. Ya que después de esta, al ser derrocada la Monarquía, al nacionalizarse las propiedades de la Iglesia e incautar bienes de la nobleza, los republicanos se encontraron ante una enorme cantidad de obras de arte, muebles, joyas y amplias bibliotecas, que en la conciencia republicana eran ineludiblemente asociadas al Antiguo Régimen. Ante este panorama, la decisión sobre qué hacer con estos objetos se debate entre destruirlos, para borrar la memoria, destruir todo recuerdo del pasado monárquico, o conservarlos por su valor intrínseco, separándolos del contenido ideológico al que eran asociados, esta segunda vía implicaba el recluirlos en un espacio que los neutralizara, que los despojara de su contexto, ese espacio es el museo. (Shiner, Larry (2004): La invención del arte) De esta manera, se crea el Museo del Louvre en el año de 1793. El cual, además de albergar valiosos objetos del pasado, asume, de rebote, una función educativa, de carácter cívica, al ser de acceso público. En 1794 es creado el Taller de Vaciados del Museo del Louvre, que inicia la producción de copias de las esculturas para proveer de reproducciones de buena calidad de las obras maestras del arte Occidental a otros museos y a las academias de Bellas Artes francesas. La difusión de las obras de arte por medio de copias en yeso se extiende al resto de Europa y a América.

Si bien hay escasa información sobre los trámites de adquisición, por parte del Estado costarricense, de la colección de yesos, así como de los dibujos, es muy probable que los yesos fueran adquiridos entre 1895 y 1897, ya que poseen la placa de inscripción de la Reunión de Museos de Francia, creada en 1895, y es seguro que ya para el mes de julio de 1897 los yesos se encontraban en el país, como lo demuestran algunas referencias en periódicos, como esta publicada en el diario El Fígaro el miércoles 28 de julio de 1897:

“Los señores Povedano y Ricardo Fernández G. se ocupan actualmente en la instalación de los modelos de escultnra [sic] tallados en yeso, representación de las obras maestras del Museo de Louvre, que el Gobierno hizo tomar de aquella Galería artística, los cuales modelos seran [sic] destinados al servicio de la Escuela de Bellas Artes de esta capital.” (El Fígaro, 28 de julio de 1897)

O esta otra referencia aparecida en El Heraldo, el sábado 21 de agosto de 1897:

“Rápidamente se está arreglando la sala de reproducciones de la Escuela de Bellas Artes. Las figuras, por lo general han llegado en muy buenas condiciones y las pocas que algo han sufrido, son daños de muy fácil reparación.” (El Heraldo de Costa Rica, 21 de agosto de 1897)

También existen referencias de la existencia de la colección de dibujos para el año de 1897:

“En el local de este plantel hemos visto al Maestro Povedano clasificando los modelos litográficos, que son muchos y muy bonitos, aves, animales, plantas y objetos varios.” (El Fígaro, 19 de septiembre de 1897)

Los referentes originales de estas copias en yeso son obras pertenecientes, en su mayor parte, a la Antigüedad Clásica, al Renacimiento y al periodo Neoclásico. Este tipo de educación artística y los yesos mismos, son la expresión de una particular visión de mundo, que ha basado sus criterios estéticos en la premisa de que el arte clásico es el arte verdadero. A partir del Renacimiento, Grecia fue concebida como el fundamento sobre el cual se erigió la civilización occidental. Los escritores y artistas renacentistas, a partir del siglo XV, retomaron la tradición proveniente de la antigüedad clásica, de manera que el arte de la Grecia antigua, y en consecuencia el romano, se convirtieron en el paradigma del arte verdadero en Occidente. Tampoco se debe obviar el papel del Imperio Romano, quien gracias a su dominio sobre el mundo conocido durante la Antigüedad, difundió la concepción de la superioridad de la tradición griega. Precisamente, nuestro conocimiento de la escultórica griega se basa en las copias romanas hechas en mármol de originales griegos en bronce, ya perdidos.

Durante el período Neoclásico, en el siglo XVIII, la elaboración del concepto clásico adquirió su forma más cabal. Los autores neoclásicos, de la misma manera que los renacentistas, promovieron un redescubrimiento de la antigüedad clásica. En Alemania se impulsó la necesidad de retomar la tradición artística de la Grecia Clásica. Precisamente el planteamiento más profundo de este concepto, durante el siglo XVIII, fue hecho por el alemán Johann Joachim Winkelmann (1717-1768), tradicionalmente considerado como el padre de la historia del arte, quien insiste en una revalorización del arte griego como la única vía para la concreción de un arte verdadero. Las pautas establecidas por Winkelmann tuvieron una enorme vigencia durante la segunda mitad del siglo XVIII y el siglo XIX, adaptándose, desde luego, a las posturas filosóficas del momento. En el contexto latinoamericano, así como la Revolución Francesa y la Independencia de las Trece Colonias, ejercieron una enorme influencia sobre las colonias españolas en lo político, también tuvieron un efecto en el ámbito estético. El Neoclásico fue el estilo oficial asumido por los líderes de la independencia en Estados Unidos; también, fue el estilo asociado, inicialmente, a los ideales de la Revolución Francesa. En América Latina fue asumido por los grupos políticos que gestaron la Independencia. Sin embargo, en el contexto posterior a los eventos emancipadores, llegó a ser la expresión oficial del discurso de las élites gobernantes. Las Academias de Bellas Artes que reproducían los contenidos ideológicos asociados al Neoclásico, llegaron a convertirse en una de las tantas vías a través de las cuales las élites en el poder buscaban una afirmación ideológica y su auto legitimación. La preferencia por el Neoclásico implicaba el rechazo del estilo barroco, asociado al período colonial, y por ello al Antiguo Régimen.

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Al hablar sobre la historia del arte en América Latina, nos enfrentamos, al complejo tema que constituye la conformación de las identidades nacionales, al lado de la problemática, tanto cultural y política, que genera la tentativa de ingreso de los países latinoamericanos a la modernidad. El adoptar las formas institucionales de Europa es, al fin de cuentas, una de las vías a través de las cuales, los países latinoamericanos pretendían emular la modernidad del viejo mundo. La inserción a un proceso civilizatorio, que en última instancia, generaría una serie de tensiones, evidentes en el plano social y en el político, y que en el cultural nos obliga a señalar la ironía palpable en el fenómeno de fundación de academias en Latinoamérica, precisamente cuando la validez de las mismas estaba siendo cuestionada por las nuevas vanguardias en Europa. El desarrollo de la literatura y de la plástica costarricenses, a partir de las dos últimas décadas del siglo XIX, se encuentra condicionado, a grandes rasgos, por la consolidación del estado, por el desarrollo de un sentimiento nacionalista y por la toma de conciencia del ingreso a la modernidad, así como por la adopción de un proceso orientado hacia el progreso de la nación.

Justamente los criterios que justifican la fundación de la Escuela de Bellas Artes, se encuentran empapados de un hálito de positivismo, se vislumbra como discurso de fondo, un proyecto estatal orientado al desarrollo y al progreso, meta alcanzable a través de la educación, así lo demuestra el Decreto de fundación de la Escuela Nacional de Bellas Artes:

“[…] Considerando: Que la cultura del país reclama el establecimiento de un centro destinado al estudio de las bellas artes, y que es deber del Estado dispensarles protección á los diversos ramos de la enseñanza […]” (La Gaceta, 14 de marzo de 1897)

Los periódicos de la época también nos permiten observar una posición que justifica el proyecto al ser una tentativa para promover el progreso de la nación, como por ejemplo este artículo referente al decreto de fundación:

“Si los adelantos de un pueblo y su espíritu progresista se miden y se aprecian, tanto por la multiplicidad de sus establecimientos docentes como por el número de niños que en ellos se educan y se instruyen, Costa Rica que impulsa de una manera decidida la instrucción pública, y que consagra á ésta la mayor parte de sus fuerzas, sus desvelos y sus cuidados, tiene perfecto derecho no sólo para ser juzgada del modo más favorable á este respecto, sino también para esperar fundadamente en la realización de sus nobles aspiraciones de prosperidad y de cultura en un porvenir no lejano. […] la Escuela de Bellas Artes que viene á traernos nuevos elementos de progreso, será de grande y positiva utilidad para el país, cualquiera que sea el punto de vista desde el cual se la considere. (La Prensa Libre, 17 de marzo de 1897)

La fundación de la Escuela Nacional de Bellas Artes en Costa Rica responde a una de las tantas necesidades impuestas por las tendencias culturales, educativas y políticas de una época. Se integra, por un lado, al proyecto liberal decimonónico que buscaba definir un estado nacional, y, a la vez nos muestra a cabalidad el anhelo por hacer del país un estado Moderno, orientado por “la senda del progreso”.En la década de 1940 la Escuela Nacional de Bellas Artes pasó a formar parte de la Universidad de Costa Rica, convirtiéndose en la Facultad de Bellas Artes.

Precisamente, los yesos constituyen la colección más antigua de la Universidad de Costa Rica. A pesar de que muchas de las piezas han sufrido estragos a causa del paso del tiempo, aún existen 177 yesos, de los cuales fueron restaurados diez en 1997, en el marco del Centenario de la fundación de la Escuela Nacional de Bellas Artes.También, en noviembre del 2007 fueron restaurados diecisiete. Después de casi 112 años de haber sido adquiridos, los yesos continúan siendo utilizados para la formación de los estudiantes de la Escuela de Artes Plásticas. En los últimos años, el proyecto de Museo de la Universidad de Costa Rica ha asumido la tarea de realizar una base de datos de la colección de yesos.

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