Evocaciones y anhelos cobran vida en la buena música de la OSH

Evocaciones y anhelos cobran vida en la buena música de la OSH
Victor Salazar

Critica al III PROGRAMA TEMPORADA 2017 | CON – TEMPO
Orquesta Sinfónica de Heredia
Teatro Eugene O’Neill
9 de abril, 2017

 

osh Los que asistimos a los conciertos de la Orquesta Sinfónica de Heredia (OSH) sabemos de antemano que vamos a disfrutar, que tendremos la oportunidad de escuchar obras que no son usualmente programadas en los conciertos de nuestro país, e imaginamos que siempre habrán novedades (que en el caso de la OSH se convierten en sorpresas). En algunas oportunidades, al publico asistente se nos recibió, a manera de preámbulo, con alguna pequeña charla, eso sí: muy instructiva, acompañada de alguna pieza musical; hoy el “aperitivo” fue únicamente lo segundo… ¿Y por qué?…pues era una antesala de lo que seriamos testigos en el III concierto del ciclo denominado “Con-Tempo”, es decir: música y mas música!, de la buena y magníficamente interpretada!, sin mayor explicación verbal entre las obras, sí, música llena evocación de imágenes, recayendo – en esta ocasión – toda la labor en los instrumentos de cuerda frotada, con excepción de la segunda obra del concierto, en donde el rol solista estuvo a cargo del clarinete. En la sección de bienvenida (“Música de Cerca”), ejecutada a nivel de las butacas, se nos ofreció la “Pavana” de Benjamín Gutiérrez, obra interpretada por 2 violines, viola, violonchelo y contrabajo, esto, a manera de homenaje al maestro costarricense por estar cumpliendo este 2017, 80 años de vida. Dicho “aperitivo”, como mencionamos, nos anticipaba la unidad de la que gozaría el concierto y – valga la redundancia – de la que gozaríamos también todos los asistentes.

La primera obra, ya parte del concierto en sí, fue el estreno nacional de “Orawa”, del compositor polaco Wojciech Kilar (1932-2013), poema sinfónico pastoral para orquesta de cuerdas, en el que el compositor nos transporta con música a la región de los Montes Tatra, cordillera ubicada en la frontera entre Polonia y Eslovaquia, con el rio Orawa surcando su geografía y donde los campesinos realizan labores pastoriles y danzan al ritmo de las canciones folklóricas del lugar. Kilar mencionó en una entrevista que es la única obra suya en la que – luego de muchas revisiones – no cambiaría una sola nota, …pues lo mismo pensamos de la interpretación de la obra durante el concierto de la OSH, en la que en esta oportunidad los integrantes del cuarteto White de México ocuparon los primeros atriles de la orquesta: no cambiaríamos nada de la interpretación, la energía, precisión y pasión con que el director titular de la orquesta, el maestro Eddie Mora, condujo la obra, estamos seguros dejaría mucho mas que satisfecho al propio gran compositor polaco; reflejo de lo dicho fueron los desbordantes aplausos que recibió la interpretación.

La segunda obra del programa (en estreno mundial), “Concierto de Guajojó en Tres Cantos”, del compositor costarricense Marvin Camacho (1966), es una obra basada en la leyenda boliviana del Guajojó, ave que emite su canto en las noches. Cuenta la leyenda que la hija del cacique de una tribu se enamoró de un joven de estatus menor, así, enterado el padre, mató al joven; su hija supo del asesinato y el padre, hechicero él, convirtió en ave a su hija para que no lo delatara, de ahí el penoso sonido emitido por el Guajojó durante las noches, en la selva, reclamando el asesinato de su amor. Marvin Camacho traduce ésta leyenda en una obra intensa, impregnada de pasajes dramáticos, con sonoridades efectistas que dan las pinceladas perfectas a la labor de la solista: la gran clarinetista cubana Dianelys Castillo, casi siempre dibujando sus dolorosas y bellas líneas melódicas en el registro agudo del instrumento, en donde éstas se encuentran con los “silbidos” de las cuerdas, recreando entre ambos, solista y orquesta (complementada con pequeña percusión y ocarina), los hechos y el ambiente natural donde tiene lugar la leyenda. El final es apaciguador, y contiene el sello indeleble del maestro Marvin Camacho, además poeta, quien decide revelar el advenimiento de la conclusión de la obra con unas bellas breves palabras, en relación a la leyenda, enunciadas por uno de los integrantes de la orquesta.

Para cerrar el concierto, el maestro Eddie Mora no pudo tener mejor idea que elegir una obra, que a pesar de no ser del todo descriptiva (y la cual ha sido objeto de diversas conjeturas en relación a su origen y contenido extra-musical), encaja perfectamente con las dos que la antecedieron, esto, en cuanto a sonoridad y transmisión de evocaciones y anhelos; y es que preferimos quedarnos con la breve explicación que dio el maestro Eddie Mora al inicio de la interpretación de la misma: que Shostakovich, al componer su Cuarteto No 8 en Do menor Op.110, escribió su propio Réquiem, tal es así que la obra fue interpretada en 1975 durante el funeral del gran compositor ruso. La versión que tuvimos el placer de escuchar en interpretación de la OSH, es para orquesta de cuerdas y lleva por titulo “Sinfonía de cámara en do menor, Op.110ª”, realizada por Rudolf Barshai, amigo de Shostakovich.

Antes de la interpretación de la misma: lo visual! (…los amantes de las obras para instrumentos de cuerda y el mundo de las imágenes estuvimos de plácemes!, hoy hablaron la música y las imágenes!). Ocurrió que la entrada de algunos de los músicos integrantes de la orquesta se dio desde la parte posterior del auditorio; se encaminaron por los pasillos portando velas, las mismas que fueron colocadas por ellos al borde del escenario antes de tomar asiento en sus respectivos lugares. Luego, a lo largo de toda la obra, una imagen mas que acertada!: la proyección en pantalla, en la parte alta, detrás de la orquesta, de dos manos acercándose y alejándose….las cuales nunca llegan a entrelazarse!, y que en concordancia con la variación en la música cobra diferentes significados, transmuta, adquiriendo un pathos diferente para cada pasaje musical al que acompaña. En lo musical, el canto de muerte (desamparo o de restricción de la libertad del compositor) lo llevan los solos de violín y violonchelo sobre notas pedales de la orquesta y viceversa, es decir, siendo los solistas quienes ejecutan la nota pedal mientras la orquesta engendra la melodía.

El maestro Eddie Mora, mencionó que él siempre quiso dirigir la “Sinfonía de Cámara” de Dmitri Shostakovich en Costa Rica,…tuvimos la suerte de estar presentes en este acontecimiento. Como lo mencionamos, las obras transmiten anhelos, en la primera (“Orawa”) a manera de evocación del paisaje añorado, en la segunda: el amor impedido, y en la ultima: las ansias de vida frustradas, pero que al fin y al cabo, cuando esos sentimientos son traducidos en música, magníficamente bien interpretada y además complementada visualmente, la sensación que nos llevamos los que asistimos a los conciertos de la OSH es satisfacción pura, salimos llenos de vida!

 

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